Como personas normales, como mortales, constantemente pensamos en el devenir de nuestra vida, lo que el futuro depara a esta, vivimos, decimos, para cualquier cosa, para trabajar, para amar, para estudiar, para conocer, pero la realidad es que nada de eso es duradero, a decirlo de cierta forma, el único objetivo de la vida, su único fin preciso es la muerte, solo la muerte es segura.
Entonces si la muerte es tan inevitable, ¿Por qué no se le ha estudiado con tanta vehemencia como a otros fenómenos biológicos?, ¿Por qué se le evita con tanta frecuencia en nuestras mesas, en nuestras conversaciones?
En el mundo moderno, dice Octavio Paz, en “el laberinto de la soledad”, todo funciona como si la muerte no existiera. De cierta manera la vida cotidiana excluye a la muerte, a nuestra muerte, también Octavio Paz dice que esto es porque nadie vive su propia vida. En esta época paradójica, en que le narcisismo impera, pero el individuo ya no es mas que masa, la vida no tiene un significado pertinente, no tiene una meta clara, (pero ¿cuando la ha tenido?) y si la vida no es significativa, por lo tanto la muerte sufre un proceso igual de pernicioso y carece después de un significado intrínseco.
La muerte carece de significado, porque la vida es igual de insignificante, aun así eso solo es una excusa para no hablar de ella.
Vamos a pensar en el significado de la muerte, con las debidas precauciones posibles, porque no pensar nunca a la muerte es una locura, pero igualmente es una locura estar siempre pensando en ella.
Siempre morimos, a cada rato. Comenzamos a morir a penas nacemos, el fin de nuestra existencia tiene conexiones con el principio de ella, como diría Heidegger somos un ser para la muerte, somos proyecto, es decir, un ser lanzado a la muerte.
La muerte es una compañera diaria, todo en nosotros muere, comenzando por el más básico elemento que nos conforma, o sea la célula. La célula muere por una muerte programada, porque así tiene que ser para que el organismo prospere, los genes que se encuentran en el núcleo celular provocan que una célula perezca como base para la experimentación natural de las combinaciones genotípicas en los seres vivos, y están son tan grandes que los fenotipos que podemos observar solo son una contada variación de dichas combinaciones.
Este fenómeno que aquí se trata, es por lo tanto nuestro fenómeno, según Séneca, nuestro mayor error es querer ver la muerte adelante, es decir fuera de nosotros, allá. Cuando esta, en gran parte, a nuestra espalda. La muerte no nos es trascendente, (que este más alba fuera de nosotros), sino que es inmanente (ella que esta con nosotros). Cada día algo nosotros muere, neuronas, células, uñas, cabellos, defensas, pero también, esperanzas, sentimientos y hasta el dolor.
Como podemos ver la muerte, nos pesa, nos rodea, esta con nosotros, nos acompaña hasta el ultimo día.
La muerte no se puede evitar, las civilizaciones antiguas (occidentales y aun en nuestros días el pensamiento de oriente es pertinaz en esta idea) veían en esta una continuación de la vida, un ciclo, sin muerte no hay vida y viceversa, porque no son dos materias excluyentes sino que son partes un mismo proceso, la continuidad.
Pero el hecho es que morimos, y esto es preocupante opino, por esa relación estrecha o mas bien unitaria con la vida, en otras palabras, la muerte es consecuencia de nuestra vida, y también lo es el hecho del morir, del como morir.
Se podría decir que existen en general dos maneras de bien morir. La de Epicuro, que cree que la muerte no es nada. Dice Epicuro, “Acostúmbrate a la idea de que la muerte no es nada que tenga relación con nosotros porque el bien y el mal no consisten más que en la percepción que tenemos de ellos y la muerte es la privación de toda percepción. Comprender que la muerte es nada, es una fuente de alegría. Porque no hay nada más terrible en la vida, para quien ha comprendido que no hay nada más allá de la muerte. La muerte no existe, porque en tanto existimos no hay muerte; y cuando hay muerte, entonces dejamos de existir”.
La concepción cristiana del bien morir cree que la muerte lo es todo. En esta doctrina no se teme a la muerte, es más se desea, porque ella solo es un pasaje hacia un lugar donde hemos de encontrar a nuestros seres más amados y en donde se disfrutara de una existencia mas bella que la triste, algunas veces, vida terrestre.
Finalmente, ¿Qué sabemos de la muerte? De la muerte sabemos muy poco; que no solo es cierta, sino que es perpetuamente inminente.
Morirse no es cosa de estar viejos o enfermos. Como se habia dicho anteriormente, desde el primer momento en que empezamos a vivir ya estamos listos para morir. Como dice la sabiduría popular: “Nadie es tan joven que no pueda morir, ni tan viejo que no pueda vivir un día más”.
Por muy sanos que nos encontremos, la muerte acecha y no es raro morir, por accidente o por crimen, en perfecto estado de salud.
Como bien dijo Montaigne “No morimos porque estemos enfermos, sino por que estamos vivos”.
Pensándolo bien, siempre estamos a la misma distancia de la muerte. Pensar a la muerte no es cosa para estar tristes más bien es reflexionar como vivir la vida hasta sabernos dignos de nuestra única y verdadera muerte, porque no sabemos cuando nos alcance ni como se presente, tal vez sea una marejada, una suerte de pretexto implícito en las cosas, una admisión que se va pero sin admitirlo, efectivamente la muerte nos espera desde adentro. Pensar en la muerte, concluyo es darle importancia a nuestra existencia.
La unica certeza de la existencia es la muerte, todo lo demas entra dentro de posibilidad.Es la
unica realidad " real", lo demas son posibilidad.
La muerte es unidad con la vida, no entidades separadas. Como seria la vida si fuese innormal.
Borges lo describe en su novela. No es que deba de
habe amor a la muertre, sino la muerte que da sentido a la vida misma. El problema actual es la
ocultacion de la muerte. la ciencia esta encaminada haci la permanecia del ser, una quimera mas. La muerte se contagia. La pero o mejor porcion del ser humano es tener conciencia de su limitacion de su fin. La cultura actual de la no muerte, de no saber de ella de negarla.